martes, 2 de junio de 2026

"Mi cielo tu infierno" ("Cel meu Infern teu") de Alberto Evangelio, historia de mujeres a las que no se les deja quererse

El director Alberto Evangelio estrena esta semana "Cel meu Infern teu" ("Mi cielo tu infierno"), una película social que profundiza en la relación de dos mujeres a finales de los 60 y principios de los 70. Un recuerdo de lo que fue esta sociedad, que en algunos casos aún sigue siendo, para no volver a repetir esos mismo errores. Valiente aunque presentada de una forma excesivamente convencional.

En el cine español, por suerte, tenemos proyectos que abarcan desde el drama más social al entretenimiento sin pretensiones pasando por el thriller más trepidante. "Cel meu infern teu" ("mi cielo tu infierno") se engloba en esa primera opción. Un drama social que no esconde la hipocresía de una sociedad obsesionada con las apariencias y la tradición. En ese marco el acertado guion de Ana Piles y Noelia Martínez avanza con paso firme sin caer en el romanticismo barato o la crítica fácil.

Alberto Evangelio recoge este material y plantea una película muy respetuosa donde llega a integrar elementos de thriller psicológico, algo que ya veíamos en su anterior trabajo "Visitante". No nos engañemos, el drama recorre de punta a punta la película pero la Iglesia siempre permite apuntar un lado oscuro que asusta a los feligreses tanto como lo veneran. Para mí, esta representación del mal es lo mejor de la película.


Donde las formas me chirrían un poco más es en la historia de amor de estas dos mujeres (interpretadas por Sandra Cervera y Tania Fortea), un amor sufrido, "contra natura" para una sociedad anclada en la religión y el "qué dirán", que son incapaces de reprimir unos sentimientos que no pueden ni quieren combatir. Si bien es una relación creíble y bien estructurada, formalmente es tan convencional como la época que retrata. Puede que sea la mejor forma de llegar a un público maduro que no busque nueva expresiones cinematográficas, pero para quien escribe, la sensación es de haber evitado cualquier tipo de riesgo. 


Además de esos tintes de cine de género, me quedo con el significado de esa casa donde habita Adela con su marido. Un lugar tan elegante como destructivo. La típica finca de la que se podrían contar mil y un secretos que se esconden tras sus paredes. En cierta forma recuerda a la casa de "El orfanato", no tanto por su fantasmagórica apariencia como por la desgracia que encierra. 

Es una película que no pierde el ritmo en ningún momento, que ayuda a concienciar sobre la homosexualidad femenina (posiblemente mucho más escondida que la masculina aún hoy en día) y que encierra algunas críticas sociales muy valiosas y necesarias. 
Solo por esto ya merece una oportunidad.

José Daniel Díaz

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